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Mi artritis (I Parte)

Mi artritis  (I Parte)

Así están mis manos, algún día espero estén mejores. No es ficción, como se ha comentado, es una realidad.

 Gracias a mi hijo, por cierto, poniendo mala cara, puedo escribir en algún momento.

Digamos que mis numerosas carpetas, de los más diversos temas con materiales tomados de Internet están envejeciendo a la misma velocidad del tiempo. En realidad me creí que el acceso a la red de redes, como se le dice, nunca me faltaría como valiosa e imprescindible herramienta de trabajo como lo predijo el Comandante en Jefe Fidel Castro en el VII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). 

Pero el 6 de septiembre último, después de un largo proceso de seguimiento, un equipo interdisciplinario del más alto nivel, lo debo reconocer, dictaminó que tenía una artritis muy avanzada con una presencia muy activa en las manos. Fue un golpe demoledor.

 Ese propio día, asombrado por ese fallo, solo tuve tiempo para buscar información: “La forma más común de artritis, es la artritis degenerativa u osteoartritis que puede afectar una o más articulaciones en cualquier lugar del cuerpo. La artritis degenerativa ocurre cuando eres más mayor y afecta sobre todo a las manos y las articulaciones que soportan el peso corporal. La artritis degenerativa puede causar dolor, deformidad, y limitación de movimientos.”

( http://www.clevelandclinic.org/health/sHIC/html/s7082.asp)

 En realidad no soy tan mayor y por ello inmediatamente llamé al Doctor en Ciencias Siquiátricas  León Mármol, de los pocos con ese nivel en el país y orgullo para los avileños. Buscaba orígenes. “Sí, Roberto –me dijo_, el estrés es una de sus fundamentales causas, como lo es además,  de la aterosclerosis.”

 Es decir, la edad no era la causa.

 Esa declaración me hizo comprender cómo había llegado hasta esa depauperación en mi salud y  asimilé la comprensión y el interés profesional del equipo que me había dado seguimiento, atención, diagnóstico y dictamen.

 Como equipo multifacético al fin, uno de sus más avezados integrantes,  por cierto, con cara de pegajoso empedernido aunque es un especialista muy reconocido, esa es la verdad, expresó ese propio día 6, que mi recuperación no sería efectiva si mantenía mi fanático apego a Internet y en especial a  facebook.com, lo que contó con el apoyo incondicional de los demás miembros. 

Los comprendí, pues aunque no era plantilla de esa plataforma, me lo llegué a creer y estaba hasta ocho horas pegadas al monitor, fundamentalmente de noche, buscando información, confrontándola   y  “fajado”  con los enemigos de la Revolución. Y ahí se cuajó, a lo cubano,  que se me quitara el acceso al ciberespacio, no solo desde mi casa, sino también desde mi puesto de trabajo como periodista en Radio Surco, pues mi salud, integralmente, era  lo más importante. 

 Meses después   quedé sorprendido cuando en el periódico Juventud Rebelde, en su edición impresa del 29 de noviembre, en la Sección Informática y Nuevas Tecnologías, página Cinco, leí esto: “Un estudio realizado por University of Edinburgh Business School, de Escocia, asegura que a mayor número de amigos, más heterogéneos son los perfiles de cada uno y por ende el usuario deberá adaptar los contenidos que genere a un público más global lo que lleva a un mayor estrés.”

 Y yo con más de 3 000 amigos, ¡candela!.

Cuánta razón en tan humanitaria y solidaria decisión en ese equipo pluridisciplinario y en mi inmodestia, cuestionando a uno de sus mejores exponentes. Imperdonable, algún día, a todos,  les estaré eternamente agradecido.

 

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