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La seguridad ciudadana en Ciego de Avila

La seguridad ciudadana en Ciego de Avila

Muchos son los logros de la Revolución, independientemente de errores, limitaciones y necesidades. Cuba no es un edén, ni por lógica la provincia Ciego de Ávila.

Poco se habla de la seguridad ciudadana, esa que nos lleva a la tranquilidad en la familia, el barrio, la comunidad, la escuela, el trabajo, el parque  o en la calle.

Sin embargo, hay factores económicos y  sociales que  corroen esa   tranquilidad. Desde la caída del campo socialista no estamos ajenos a necesidades cotidianas, incrementadas con el  bloqueo económico, la crisis económica mundial y errores internos,   que han  debilitado el sentido de la unidad en el seno de la familia, en la relación con los vecinos, amigos y colegas de trabajo.

Trasmito este pensamiento del Maestro: “La familia unida por la semejanza de las almas es más sólida, y me es más querida, que la familia unida por las comunidades de la sangre.”

La indisciplina social no está ausente y en ocasiones nos sorprende con hechos que aunque no  marcan lo general, deben alertar  y adoptarse las medidas que van desde el seno de la  familia, la exigencia ciudadana y hasta la presencia y cumplimiento del deber por los agentes del orden, que tienen la preparación, la ética y la autoridad para imponer su resolución.

Recientemente escuchaba alarmada a una señora al  contar su experiencia después de unos días de trabajo en Colombia.  Refería a familias divididas por hijos que pertenecen a diferentes pandillas de narcos o a la guerrilla, niños dedicados a la venta de drogas o a otros trabajos, con una inestabilidad ciudadana impresionante.

  Tuve la experiencia personal de visitar Checoslovaquia ya con la caída del socialismo, alarmante el desempleo, la mendicidad, la pornografía, la violencia juvenil, la desaparición de las escuelas públicas, entre otras realidades, mientras en dominicana me impresionó niños limpiando zapatos en horario escolar.

 Aquí es verdad que los precios de productos de primera necesidad están más cerca de Dios que de la mesa de los avileños, con salarios muy deprimidos, pero aún cuando no siempre está presente la excelencia a nadie se le ha cerrado un salón de operaciones por la carencia del seguro médico.

 Ningún padre deja a sus hijos en la escuela preocupado por un secuestro, tráfico de órganos, la prostituciòn infantil, el consumo de drogas o una matanza de escolares como se hace frecuente en los Estados Unidos u otras naciones del área.

Recordemos aquella estremecedora interrogante, sin precedentes, del Comandante en jefe Fidel Castro el 17 de noviembre de 2005 ante estudiantes universitarios, cuando preguntó: “¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse?”

Ante un no unánime, el líder de
la Revolución ofreció múltiples argumentos. Enfatizó en la fortaleza militar de la revolución que la convertían en indestructible y a la vez reconocía errores y malformaciones de la realidad   no propias del bloqueo yanqui, sino de ineficiencias y descontrol. Y respondió: “Este país puede   autodestruirse   por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.”

(http://www.granma.cu/documento/espanol05/17nov.html)

 Posteriormente el General de Ejército Raúl Castro, Primer Secretario  del Comité Central del Partido y Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, también ha reiterado esa idea.

Por ello resulta imposible separar la actual situación económica del país con el comportamiento social de no pocas personas que ajenas a la realización humanista y social de
la Revolución,  y proyecciones hacen de las ilegalidades y la corrupción su medio de vida y ponen en peligro la existencia  de esta obra.

 Y si a esa situación se une un incremento de la indisciplina social en elementos marginales, la inestabilidad en la  seguridad ciudadana, patrimonio incuestionable de la Revolución y reconocida internacionalmente,  corre peligro.

 Lo más importante es evitarlo con el accionar cotidiano de cada revolucionario, en la  familia, la escuela, el centro de trabajo, la comunidad y esto pudiera parecer  una utopía.

 No es una ilusión, solo es posible con  la unidad de todos esos factores en el proceder habitual con el acompañamiento enérgico de los  agentes del orden público y la aplicación no paternalista de la justicia.

 El cumplimiento  de los acuerdos del VI Congreso del Partido debe conducir a la recuperación económica del país,  un objetivo que  no es a corto plazo y por ello se hace más necesario, imprescindible, enfrentar con argumentos, exigencia, control y justicia todo lo que pueda debilitar las bases de nuestro socialismo.

 La Revolución no puede perder ninguno de sus logros. La tranquilidad ciudadana es  uno de ellos.

 

 

 

 

 

 

 

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