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La Universidad cubana sin Butler ni Avery

No como una preocupación de alta prioridad  en el país más poderosos y rico del mundo, sino como una simple curiosidad (increíble), en su edición del seis de diciembre en  el sitio web del El Nuevo Herald se reportaba por  The Associated Press que dos estudiantes norteamericanos, Andrew Butler y Christopher Avery robaban un banco para poder pagar sus estudios universitarios lo que les puede llevar a 27 años de privación de libertad.

Butler, de 20 años, se justificó  afirmando que “los aumentos en los gastos de su  educación rebasaron sus ingresos por becas y asistencia financiera”, mientras que para Chistopher  le resultaba  imposible  “pagar las clases de verano después de que se frustraron sus intenciones de trabajar en una tienda de comestibles”.

En el sitio digital de La  Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico con fecha 28 de junio de 2005,  aparece un comentario  titulado El costo de la educación en Estados Unidos  de Claudia S. Hilario García, quien asegura  que en   Oklahoma, uno de los estados más económicos en matriculas universitarias, el costo por semestre llega a los 11 000 dólares. Podemos agregar, que por lo general un joven extranjero con la posibilidad de ingresar a una de las universidades de este país el costo promedio puede estar en los 30 000 dólares, o más, por año.

Una de las primeras medidas de la Revolución cubana a su triunfo en enero de 1959 fue eliminar el carácter  elitista en el  ingreso a los centros universitarios y suspender el pago por matrícula y la adquisición del material docente, privilegio del que gozan los estudiantes extranjeros.  La enseñanza universitaria pasó a ser patrimonio de obreros, campesinos, intelectuales, negros y mestizos. Nadie pudo, ni puede, sentirse excluido.

Si en 1959   solo existían tres universidades, hoy son 65 con 3 150   sedes universitarias  en municipios y comunidades, que por iniciativa de Fidel Castro, Presidente del Consejo de Estado y Ministro, se ha concebido desde el 2002 como la universalización de la enseñanza superior.  Es decir, que los estudios universitarios  se pueden adquirir no solo en las reconocidas instituciones como la Universidad de la Habana, Santiago de Cuba o Santa Clara, sino en lugares bien apartados de la geografía cubana.

La universidad cubana está integrada a los objetivos de desarrollo económico y social, y para ello se disponen de 22 centros de investigación con 700 investigadores a tiempo completo que han realizado importantes aportes  con vacunas para salvar la vida de personas o contribuir al mejoramiento de plantas y animales.  Además, se cuenta con una graduación  de 8 956 doctores en ciencias, de ellos 538 que han vuelto a sus países de origen .

El Estado cubano tiene priorizado el   presupuesto destinado a la educación superior, el que se prevé para el 2008 en más de 600 millones de pesos. Este financiamiento incluye la garantía de materiales de estudio, la instalación y explotación de modernos laboratorios,  el mejoramiento de las condiciones de vida en el recinto y el pago de estipendios por ser estudiante universitario que puede ir , cada mes, de 50 pesos a 100 en moneda nacional.

La educación universitaria en  Cuba se sustenta en el objetivo de lograr  entre sus más de 747  554 estudiantes, entre ellos  más de 30 000 extranjeros de 121 países, una formación integral sustentada en el compromiso profesional y con la Patria , cultivando valores como la dignidad, el patriotismo, la solidaridad, el humanismo, la justicia, la responsabilidad y la laboriosidad. 

Existen  cuatro tipos de estudios universitarios: Diurno con 48 carreras, Para Trabajadores por digerido con  29, Continuidad de estudios con 12 y Educación a distancia con tres.  A esto se une la Universidad para el Adulto Mayor de la que se han graduado más de 60 000 personas de la llamada tercera edad.

En Cuba   el 60 por ciento de los cubanos en las edades comprendidas entre 18 y 24 años estudian una carrera universitaria, y para  el 2010 se podrá llegar al millón de graduados universitarios.

La base de este logro sostenible lo podemos buscar en que en la Isla existe un educador por cada  36 habitantes, en Canadá y Estados Unidos, naciones altamente desarrolladas,  es 55,  y 70, respectivamente, mientras que en América Latina la proporción   es de  100. En Cuba existe la doble sesión escolar con la atención directa del pedagogo.

Pese al bloqueo económico, comercial y financiero  del gobierno de los Estados Unidos que no ha dejado de afectar a las universidades cubanas,  su historial en estos años de Revolución no incluye un caso como la de los jóvenes norteamericanos Andrew Butler y Christopher Avery,  ni tan siquiera de violencia estudiantil o de consumo de drogas.

 

Los malos, sí tienen nombre

Pudiera parecer el título de un filme de ficción o acción al estilo de Hollywood. Sin embargo, aunque no comentaremos una película norteamericana los malos,  a los que haremos referencia provienen de toda la estructura de gobierno en los Estados Unidos, no de su pueblo.
El 6 de abril de 1960 el señor Lester Dewitt Mallory, subsecretario de Estado Adjunto para los Asuntos Interamericanos de los Estados Unidos, escribió: “Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebido para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Así comenzaba a gestarse toda una política criminal de bloqueo económico, comercial y financiero para destruir por hambre y enfermedades a la naciente Revolución cubana.
 Es el 3 de febrero de 1962, mediante la Proclama 3447, que  se convierte en decisión presidencial lo que se define como embargo. Entre sus primeras prohibiciones estaban: todo tipo de importación proveniente de Cuba,  las exportaciones desde los Estados Unidos y los viajes de ciudadanos norteamericanos a la Isla.
Un duro golpe para la naciente   Revolución, pues hasta ese momento los Estados Unidos resultaba el mercado más importante  para  las exportaciones tradicionales como el azúcar, el principal renglón económico,  y se ponían fin a los suministros en alimentos, tecnologías,  piezas de repuesto y otros imprescindibles recursos, necesarios para el sostén del país.
Nacía una política agresiva y criminal que se convirtió en estrategia para el Gobierno de los Estados Unidos que aún la mantiene.
Según cálculos conservadores el bloqueo le ha costado a la economía cubana más de 89 mil millones de dólares, los cuales pudieron invertirse en la salud, educación, cultura y en el desarrollo económico y social, elevándose el nivel de vida de los cubanos.
Desde 1992 en la Asamblea  General de las Naciones  Unidas,  sus países miembros han condenado por mayoría el bloqueo, con la lógica excepción del Gobierno de los Estados Unidos y uno o dos de sus más fieles aliados.  Pero obviando este clamor internacional, el Gobierno de los Estados Unidos lo que ha hecho es recrudecerlo para provocar el malestar interno y conducir a la destrucción de la Revolución.
Coincidiendo con la caída del campo socialista, sostén  en ese momento de la economía cubana, el Gobierno de los Estados Unidos, alentada por la mafia terrorista y anticubana de Miami, de un incuestionable poder económico y político,  decidió agravar la situación socioeconómica de la Isla  con el fin de conducir a su destrucción.
Así en 1992 aprobaron la Ley Torricelli para llevar al aislamiento político y económico de Cuba, y en 1996, el presidente Clinton, para congraciarse con esa mafia, firma la Ley Helms-Burton que refrendò como ley todas las medidas adoptadas para  aplicar el bloqueo.
En mayo de 2004, el presidente Bush aprueba el Plan Bush, concebido para dar una estocada de muerte a la Revolución.
Pudiéramos mencionar múltiples medidas económicas, financieras, comerciales, culturales, educativas, científicas, sociales  y de salud,   que forman parte del ejercicio cotidiano del bloqueo contra Cuba que va desde prohibir que la famosa orquesta de salsa Los Van Van actúe en escenarios los  Estados Unidos, hasta impedir que medicamentos de alta tecnología entren al país para salvar a niños con cáncer.
Solo mostremos dos   hechos insólitos e infames de esta política.  Cuando en junio de 2006 se realizó en Argel la premiación del  XV Concurso Internacional Infantil sobre el Medio Ambiente promovido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), ahí, en el Palacio de las Naciones, había un niño cubano.
Raysel Sosa Rojas, ganador por América Latina y el Caribe, quedó atónito cuando a todos los premiados se les entregó una moderna cámara fotográfica digital marca Nikon, menos a él. Solo tuvo una pregunta: ¿Por qué  todos los niños tienen la cámara y a mí no me dieron ninguna?
El señor Ideo Fujica, representante en Argelia de la Nikon , expresó que eso era posible porque “la misma poseía componentes de Estados Unidos”. Es decir, se dañaban los sueños y la felicidad de un niño cubano porque una prestigiosa y poderosa empresa de Japón aceptaba cumplir con las exigencias del bloqueo norteamericano contra Cuba.
En junio último el señor gobernador de California, Arnold Schwarzenegger que no simpatiza con la Revolución cubana, pero sí  le gusta fumar sus tabacos,  compró uno
 en un establecimiento en el Canadá y según reseño el diario Boston Herald tuvo que andar liviano para no ser multado con 250 000 dólares o 10 años de privación de libertad. Así y todo quedó en una lista negra por violar las regulaciones del bloqueo.
De los  11 millones de cubanos, unos siete nacieron bajo los efectos del bloqueo, el que le ha afectado en sus  realidades, en sus apremiantes necesidades y sueños. En la  Asamblea General de las Naciones Unidas se llevaró  a votación el informe sobre “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba”. De nuevo la comunidad internacional rechazó por mayoría esta criminal política. El gobierno de los Estados Unidos volvió a quedarse solo ante la mirada y la condena del mundo.