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Los malos, sí tienen nombre

Pudiera parecer el título de un filme de ficción o acción al estilo de Hollywood. Sin embargo, aunque no comentaremos una película norteamericana los malos,  a los que haremos referencia provienen de toda la estructura de gobierno en los Estados Unidos, no de su pueblo.
El 6 de abril de 1960 el señor Lester Dewitt Mallory, subsecretario de Estado Adjunto para los Asuntos Interamericanos de los Estados Unidos, escribió: “Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebido para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Así comenzaba a gestarse toda una política criminal de bloqueo económico, comercial y financiero para destruir por hambre y enfermedades a la naciente Revolución cubana.
 Es el 3 de febrero de 1962, mediante la Proclama 3447, que  se convierte en decisión presidencial lo que se define como embargo. Entre sus primeras prohibiciones estaban: todo tipo de importación proveniente de Cuba,  las exportaciones desde los Estados Unidos y los viajes de ciudadanos norteamericanos a la Isla.
Un duro golpe para la naciente   Revolución, pues hasta ese momento los Estados Unidos resultaba el mercado más importante  para  las exportaciones tradicionales como el azúcar, el principal renglón económico,  y se ponían fin a los suministros en alimentos, tecnologías,  piezas de repuesto y otros imprescindibles recursos, necesarios para el sostén del país.
Nacía una política agresiva y criminal que se convirtió en estrategia para el Gobierno de los Estados Unidos que aún la mantiene.
Según cálculos conservadores el bloqueo le ha costado a la economía cubana más de 89 mil millones de dólares, los cuales pudieron invertirse en la salud, educación, cultura y en el desarrollo económico y social, elevándose el nivel de vida de los cubanos.
Desde 1992 en la Asamblea  General de las Naciones  Unidas,  sus países miembros han condenado por mayoría el bloqueo, con la lógica excepción del Gobierno de los Estados Unidos y uno o dos de sus más fieles aliados.  Pero obviando este clamor internacional, el Gobierno de los Estados Unidos lo que ha hecho es recrudecerlo para provocar el malestar interno y conducir a la destrucción de la Revolución.
Coincidiendo con la caída del campo socialista, sostén  en ese momento de la economía cubana, el Gobierno de los Estados Unidos, alentada por la mafia terrorista y anticubana de Miami, de un incuestionable poder económico y político,  decidió agravar la situación socioeconómica de la Isla  con el fin de conducir a su destrucción.
Así en 1992 aprobaron la Ley Torricelli para llevar al aislamiento político y económico de Cuba, y en 1996, el presidente Clinton, para congraciarse con esa mafia, firma la Ley Helms-Burton que refrendò como ley todas las medidas adoptadas para  aplicar el bloqueo.
En mayo de 2004, el presidente Bush aprueba el Plan Bush, concebido para dar una estocada de muerte a la Revolución.
Pudiéramos mencionar múltiples medidas económicas, financieras, comerciales, culturales, educativas, científicas, sociales  y de salud,   que forman parte del ejercicio cotidiano del bloqueo contra Cuba que va desde prohibir que la famosa orquesta de salsa Los Van Van actúe en escenarios los  Estados Unidos, hasta impedir que medicamentos de alta tecnología entren al país para salvar a niños con cáncer.
Solo mostremos dos   hechos insólitos e infames de esta política.  Cuando en junio de 2006 se realizó en Argel la premiación del  XV Concurso Internacional Infantil sobre el Medio Ambiente promovido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), ahí, en el Palacio de las Naciones, había un niño cubano.
Raysel Sosa Rojas, ganador por América Latina y el Caribe, quedó atónito cuando a todos los premiados se les entregó una moderna cámara fotográfica digital marca Nikon, menos a él. Solo tuvo una pregunta: ¿Por qué  todos los niños tienen la cámara y a mí no me dieron ninguna?
El señor Ideo Fujica, representante en Argelia de la Nikon , expresó que eso era posible porque “la misma poseía componentes de Estados Unidos”. Es decir, se dañaban los sueños y la felicidad de un niño cubano porque una prestigiosa y poderosa empresa de Japón aceptaba cumplir con las exigencias del bloqueo norteamericano contra Cuba.
En junio último el señor gobernador de California, Arnold Schwarzenegger que no simpatiza con la Revolución cubana, pero sí  le gusta fumar sus tabacos,  compró uno
 en un establecimiento en el Canadá y según reseño el diario Boston Herald tuvo que andar liviano para no ser multado con 250 000 dólares o 10 años de privación de libertad. Así y todo quedó en una lista negra por violar las regulaciones del bloqueo.
De los  11 millones de cubanos, unos siete nacieron bajo los efectos del bloqueo, el que le ha afectado en sus  realidades, en sus apremiantes necesidades y sueños. En la  Asamblea General de las Naciones Unidas se llevaró  a votación el informe sobre “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba”. De nuevo la comunidad internacional rechazó por mayoría esta criminal política. El gobierno de los Estados Unidos volvió a quedarse solo ante la mirada y la condena del mundo.
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