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Falleció el Comandante d e la Revolución cubana Juan Almeida Bosque

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Por Roberto del Valle Menéndez
Falleció el Héroe de la República de Cuba, el Comandante d e la Revolución, el joven asaltante al
Cuartel Moncada, el expedicionario del Granma, el combatiente y jefe en el Ejército Rebelde, el militante consecuente delPartido Comunista de Cuba, el Diputado, el guerrillero de siempre.
Pero también dejó de existir el reconocido compositor con una amplia obra cancionística que convirtió a La
Lupe en un himno de nostalgia por México, tierra que les acogió en los
preparativos del desembarco del Granma y donde se enamora, pero a la vez siente
que el amor por la patria y la necesidad de luchar por su libertad es más
fuerte y esta entre los expedicionarios.
Para Rafael Lam en Juan Almeida ¨la etapa decompositor comienza desde la adolescencia, escribía poemas y algunas canciones de juventud. Su canción emblemática de La Lupe, la escribe en el exilio de
México, inspirada en un encuentro con una muchacha llamada Guadalupe (Lupe), a
quien conoce en el Bosque de Chapultepec. Es como un homenaje a la mujer
mexicana. La canción viaja en la travesía de los expedicionarios del yate
Granma, se rescata después del desembarco, ya en la Sierra Maestra donde la
cantaban los compañeros de armas.¨
Ya me
voy de tu tierra,
Mexicana bonita,
Bondadosa y gentil.
Y lo hago emocionado
Como si en ella quedara
Un pedazo de mí.
Ya me voy linda Lupe
Y me llevo contigo
Un rayito de luz
Que me dieron tus ojos
Virgen guadalupana
La tarde en que te ví.
Golondrina sin nido
Era yo en el camino
Cuando te conocí
Tú me abriste tu pecho
con amor bien sentido
Yo me anidé en ti.
Y ahora que me alejo
Para el deber cumplir
Que mi tierra me llama
A vencer o a morir
No me olvides Lupita
Acuérdate de mí.
En su comentario Juan Almeida, una vida musical, publicado el 8 de marzo de 2008 en el sitio digital CUBARTE,
Rafael Lam recuerda : ¨Aparte
de la composición; La Lupe, hay que recordar entre las más populares: Dame un
traguito y Esa mujer. Dame
un traguito, se me ocurrió en la cervecera que había por el Túnel de La Habana,
pase por allí, me baje y había en la cantina recostado un joven medio borracho
y expresaba al cantinero: "Dame un traguito" y aparte le sirven una
cerveza y empieza a sonar la música y dice: "Qué bárbaro chico, esa es la
musiquita que a mi me gusta" Y había una muchacha bailando allí, salsosa
ella y se concentro el hombre en la muchacha aquella y a partir de esas cosas
se me ocurrió la letra y después la música" Dame un traguito ahora
cantineritos Dame un traguito ahora que nadie mira Dame un traguito ahora que
me da pena Dame un traguito ahora que estoy contento. "La canción, Esa
mujer, la escribí en el balneario de Elguea, resulta que una muchacha parece
que había llevado a la madre. La muchacha subía con la viejita y pasaba para
allá; y al poquito rato la pasaba para abajo.
Después ya dejo a la madre y pasaba ella para arriba y para abajo y le digo a un amigo:
"Que le pasa a esta mujer" y dice el amigo: "Lo que quiere es
que la miren". Digo, verdad, esta bonita la frase esa: "Lo que quiere
es que la miren". Y ahí empecé a crear la canción". Qué le pasa a esa
mujer Que viene y va, está nerviosa, Y el que la mira Se pregunta que tendrá.
No se que tiene esa mujer Que quiere que la miren. No la ves que esta graciosa
Y esta bonita, y es hermosa Ella lo sabe y por eso viene y va Porque quiere que
la miren Y por eso viene y va Porque quiere que la miren.¨ (http://www.cult.cu/paginas/actualidad/opinion.detalle.php?id=6145)
En la información parecida en Juventud Rebelde referente al
fallecimiento del reconocido líder de la Revolución cubana se acota: ¨Su especial sensibilidad humana y artística hizo posible el difícil reto de simultanear su intensa, responsable y fecunda labor como dirigente
revolucionario, con una valiosa y prolija obra artística, la cual incluye más
de 300 canciones y una docena de libros que constituyen un invaluable aporte al
conocimiento de nuestra historia.¨
(http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2009-09-12/fallecio-el-comandante-de-la-revolucion-juan-almeida-bosque-/)
Popularizado por solistas y agrupaciones cubanas y del extranjero, Juan Almeida Bosque será recordado siempre por su pueblo que le admiró por su humildad, valentía,
firmeza y total fidelidad a Fidel, Raúl y a los principios de su Revolución.
José Martì: Hombre permanente para el combate

Por Roberto del Valle Menèndez
Mírame, madre, y por tu amor no llores:
Si esclavo de mi edad y de mis doctrinas,
tu mártir corazón llené de espinas.
Piensa que nacen entre espinas flores.
Diecisiete años tenía el joven que desde la Brigada de Blancos y con el número 113 en el Presidio Departamental de la Habana, dedica así, el 28 de agosto de 1870, una foto a su madre. En sus pies se observan los grilletes. Había nacido el 28 de enero de 1853, hacen hoy 156 años.
Acusado de delito de infidencia al calificar de apóstata a Carlos de Castro y de Castro, condiscípulo suyo que había ingresado al Cuerpo de Voluntarios, se le condena a seis años de presidio.
La rápida gestión de sus padres hizo que solo cumpliera un año en esas condiciones y se le deportara a España, hacia donde partió el 15 de enero de 1871 en el vapor Guipùzcos.
No llegaba a dos días la travesía cuando ante los pasajeros denunció de forma enérgica, los abusos que se sucedían en la prisión de la Habana y señalaba como responsable de esos hechos al teniente coronel Mariano Gil de Palacios, comandante de esa instalación y uno de los viajeros.
Aquellos meses de encarcelamiento marcaron para siempre la vida de José Martì y Pérez. De allí saldría enfermo de sarcoidosis (1), y al publicar en Madrid, en julio o agosto de 1871, El Presidio Político en Cuba, diría: “Dante no estuvo en presidio. Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras de aquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su infierno. Las hubiese copiado, y lo hubiera pintado mejor.
Si existiera el Dios providente, y lo hubiera visto, con una mano se habría cubierto el rostro, y con otra habría hecho rodar al abismo aquella negación de Dios.”
La actividad revolucionaria de José Martì, considerado el Héroe Nacional de Cuba, fue intensa en la propia España. En Madrid escribió y firmó la hoja impresa El Día 27 de noviembre de 1871, una condena al fusilamiento de los estudiantes de medicina en la Habana , y cuando en 1873 se estableció la efímera república, publicó La República Española ante la Revolución Cubana, donde no concibió la negación a la independencia de Cuba por el nuevo gobierno.
A fínales de 1874, vía Francia, escapó de España. Se radicò en México, estuvo por poco tiempo en la Habana y fue a Guatemala. Cinco años más tarde regresó a la Patria.
Conspiró junto a Juan Gualberto Gómez, y el 27 de abril en el Liceo de Guanabacoa pronunció un discurso patriótico con motivo del homenaje al violinista cubano Rafael Díaz Albertini. Presente en la velada, el Capitán General Ramón Blanco calificó al orador de “un loco peligroso”.
Por su actividad revolucionaria fue detenido y aunque el Capitán General dispone su deportación a la isla de Ceuta se logró que fuera a Santander, en la Metrópoli.
Huyó a los Estados Unidos; el 3 de enero de 1880 desembarcó en Nueva York. Serían 15 años de fructífera vida política en la búsqueda de la unión entre los cubanos para emprender una guerra definitiva por la independencia de Cuba. Sin embargo, esta trayectoria no sería fácil para el Apóstol.
Se viò enfermo, alejado de su esposa e hijo, y con una situación económica de subsistencia. Pero se mantuvo en contacto directo con los núcleos fundamentales de emigrados, buscó y alcanzó la unidad, y en ese empeño atrajo, no sin contra tiempos, al dominicano Máximo Gómez, y a Antonio Maceo, prestigiosos generales de la guerra iniciada en 1868 y concluida en 1878 por la desunión entre las fuerzas mambisas.
Organizó el Partido Revolucionario Cubano, único de su tipo y proyección en esos momentos en toda América Latina, para llevar adelante, según sus Bases, “la independencia absoluta de la isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”, indiscutible principio de extensión humanista, solidaria e internacionalista que constituye fundamento actual de la Revolución cubana.
Fue elegido Delegado de este Partido, cargo que se le ratificó hasta su muerte en campaña, como muestra del prestigio, la integralidad y ética revolucionaria ante la comunidad de emigrados de cubanos no solo en los Estados Unidos, y reconocido incluso dentro de la Isla.
Después del fracaso, por traición , del plan expedicionario de la Fernandina, en enero de 1895, no cejó en el empeño de venir a Cuba. La orden de alzamiento estaba dada y el 24 de febrero se reinició “la guerra necesaria” que había convocado a través del Partido Revolucionario Cubano fundado el 10 de de abril de 1892.
Burló la persecución y, junto a Máximo Gómez, desembarcó por Playitas, cerca de Baracoa en el extremo oriental de Cuba, el 11 de abril de 1895. Cuatro días más tarde escribió a sus amigos Gonzalo de Quesada y a Benjamín Guerra: “ Gómez, como General en Jefe había acordado, en consejo de Jefes, a la vez que reconocerme en la guerra como Delegado del Partido Revolucionario Cubano, y nombrarme, en atención a mis servicios y la opinión unánime que le rodea, Mayor General del Ejército Libertador. ¡De un abrazo, igualaban mi pobre vida a la de sus diez años!”.
Deseoso de combatir a las fuerzas españolas que oprimían a su pueblo, José Martì decidió no quedarse en el campamento y parte al encuentro del enemigo. Al recordar aquel 19 de mayo de 1895, el General Máximo Gómez escribió: “Yo vi a José Martì, ! ah qué día aquel! erguido y hermoso en su caballo de batalla, en Boca de Dos Ríos. Como un venado, jinete, rodeado de aquellos diestros soldados, que nos recuerda la Historia, cubiertos de gloria en las pampas de Venezuela. (…) Su memoria está santificada por la Historia y por el amor, no solamente de sus conciudadanos, sino de la América toda también”.
(1). Es una enfermedad de causa desconocida en la cual se produce una inflamación a nivel de los ganglios linfáticos, los pulmones, el hígado, los ojos, la piel y otros tejidos.( http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000076.htm)
La derrota llevó a la victoria
Por Roberto del Valle Menéndez
Era la madrugada de Santa Ana. Hombres y mujeres disfrutan de los carnavales. Unos regresan a casa para de inmediato ir para el trabajo y otros siguen deleitándose de la música y del ambiente festivo. Todos quedan sorprendidos por los disparos que provienen del Cuartel Moncada, la segunda fortaleza militar más importante de Cuba. La especulación es que se ha producido otro golpe de Estado, como el del 10 de marzo de 1952 cuando el sargento Fulgencio Batista aplastó la Constitución de 1940, arruinó el proceso eleccionario en marcha y asumió el poder para establecer una sangrienta dictadura que llevó a la muerte a más de 20 000 cubanos.
Un grupo de jóvenes, vestidos de verde olivo, dirigidos por Fidel Castro Ruz, de solo 26 años, mal armados, atacan el Cuartel, mientras que en Bayamo también se asalta el Cuartel Carlos Manuel de Céspedes. Fracasa el factor sorpresa, es una derrota militar, y solo en el Moncada son asesinados vilmente 52 revolucionarios, entre ellos Abel Santamaría, ejemplo de inteligencia, valor y humildad.
El propio Comandante en Jefe Fidel Castro ha reconocido que el objetivo era tomar las fortalezas, entregar las armas al pueblo y convocar a una huelga general que condujera a la caída del régimen militar. De no ser así, ir hacia la Sierra Maestra e iniciar una guerra de guerrillas para enfrentar a uno de los ejércitos mejor preparados de Latinoamérica por parte del Gobierno de los Estados Unidos.
Fidel y los sobrevivientes son llevados a juicio. El máximo líder de la Revolución asume su propia defensa, en octubre de 1953, en un alegato que se conoce como La Historia me Absolverá. Señala a José Martí, Héroe Nacional de Cuba, y en el centenario de su natalicio, como el autor intelectual de los sucesos del 26 de julio y expone las diversas causas objetivas que motivaron ese heroico acto de rebeldía. Para buscar las referencias no se puede pasar por alto su discurso en Santiago de Cuba en el 2003, en el aniversario 50.
«600 mil cubanos están sin trabajo.»
«500 mil obreros del campo trabajan 4 meses al año y pasan hambre el resto.»
«400 mil obreros industriales y braceros cuyos retiros están desfalcados, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarterías, cuyos salarios pasan de las manos del patrón a las del garrotero, cuya vida es el trabajo perenne y cuyo descanso es la tumba.»
«10 mil profesionales jóvenes: médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etcétera, salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas.»
«El 85 por ciento de los pequeños agricultores cubanos está pagando renta y vive bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas.»
«200 mil familias campesinas no tienen una vara de tierra donde sembrar alimentos para sus hambrientos hijos.»
«Más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas está en manos extranjeras.»
«Cerca de 300 mil caballerías (más de tres millones de hectáreas) permanecen sin cultivar.»
«Dos millones 200 mil personas de nuestra población urbana pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos.»
«Dos millones 800 mil personas de nuestra población rural y suburbana carecen de luz eléctrica.»
«A las escuelitas públicas del campo asisten descalzos, semidesnudos y desnutridos, menos de la mitad de los niños en edad escolar.»
«El 90 por ciento de los niños del campo está devorado por parásitos.»
«La sociedad permanece indiferente ante el asesinato en masa que se comete con tantos miles y miles de niños que mueren todos los años por falta de recursos.»
«Desde el mes de mayo hasta el de diciembre un millón de personas se encuentran sin trabajo en Cuba, con una población de cinco millones y medio de habitantes.»
«Cuando un padre de familia trabaja cuatro meses al año, ¿con qué puede comprar ropas y medicinas a sus hijos? Crecerán raquíticos, a los 30 años no tendrán una pieza sana en la boca, habrán oído diez millones de discursos, y morirán al fin de miseria y decepción. El acceso a los hospitales del Estado, siempre repletos, sólo es posible mediante la recomendación de un magnate político, que le exigirá al desdichado su voto y el de toda su familia para que Cuba siga siempre igual o peor.»
Desde los inicios del Triunfo de la Revolución, el Primero de enero de 1959, comienzan a producirse cambios y transformaciones económicas y sociales que van desapareciendo esa dramática realidad. Hoy Cuba es otra, tiene una imagen muy diferente que sin sobrepasar los límites de una nación del Tercer Mundo avanza y consolida un proyecto social socialista, humanista y solidario que no transita por un camino más feliz debido a la imposición de un bloqueo económico, financiero, comercial y cultural que impuesto desde los Estados Unidos ha costado ya más de 89 mil millones de dólares, pérdidas humanas y en recursos.
Expongamos tres ideas esenciales que el propio Fidel Castro establece al recordar el 26 de julio de 1959 y 1960, ante amplias concentraciones de pueblo. En primer lugar instituye uno de los principios básicos de lo que sería la política exterior de la naciente Revolución: “Los cubanos proclamamos que no somos enemigos de ningún pueblo, que no somos enemigos de los ciudadanos de ningún país, siempre que respeten las leyes de nuestro país, siempre que respeten los sentimientos de nuestro país, siempre que quieran ser amigos de nosotros, porque al que nos abra las manos, le abrimos las manos; al que nos abra los brazos, le abrimos los brazos”, sustenta, además, el valor humanista de la revolución pues “siempre iremos ayudando, por encima de todo, a los que más nos necesiten, porque esa es una ley fundamental de la equidad humana”, y puntualiza sobre los retos del pueblo cubano pues “los pueblos que no tiemblan ante el precio que tengan que pagar por su dignidad, los pueblos que no tiemblan por el precio que tengan que pagar por la justicia, los pueblos que no tiemblan ante el precio que tengan que pagar por su felicidad, tienen derecho a la felicidad, tienen derecho a la victoria, tienen derecho a la libertad, tienen derecho al progreso, tienen derecho a la dignidad.”
Aquél asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes no se pueden ver aislados del inicio de las guerras independentistas el 10 de octubre de 1868 contra el coloniaje español, de la Protesta de Baragúa protagonizada por el Titán de Bronce Antonio Maceo, y de las luchas estudiantiles y obreras ante la imposición de una república neocolonial de los Estados Unidos que llevó a Fulgencio Batista al poder. Es una continuidad histórica que condujo a Fidel Castro al desembarco del Granma, a la guerra en la Sierra Maestra y en el llano, y a la victoria definitiva del Primero de Enero de 1959.
Caracterización del yanqui por José Martí
“Estoy, al fin, en un país donde cada uno parece ser su propio dueño. Se puede respirar libremente, por ser aquí la libertad fundamento, escudo, esencia de la vida. Aquí uno puede estar orgulloso de su especie”. (José Martí. Obras Completas. T.19, p.106).Estas palabras de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, aparecieron en The Hour of New York el 10 de julio de 1880 con el título de Impresiones de América (por un español muy fresco), y fueron escritas a seis meses de su llegada a los Estados Unidos. En realidad, los posteriores 15 años de estancia en ese país, las vivencias, el contacto directo con los ciudadanos, el conocimiento de su política doméstica y exterior, le hicieron variar esos criterios, sin dejar nunca de reconocer que estaba en un pueblo “infatigable y laborioso”. José Martí, el organizador de “la guerra necesaria” que en 1895 se reinicio para lograr la independencia de España por parte de Cuba y Puerto Rico, llegó a conocer en detalles las particularidades del norteamericano, haciendo, quizás, la caracterización más completa para su época. Qué valoración hizo nuestro Héroe Nacional del yanqui? Ya en Cuadernos de Apuntes número 4 (1878_1880), dice refiriéndose a los Estados Unidos: “…El lado enfermo de este gran pueblo hemipléjico, _cándido y elemental en un sentido, _consumado y penetrante en otro, _ gigantesco y pueril, _ astuto y simple. No tiene facultades de creación”. (O:C.T. 21.p.134,135). José Martí, el fundador en 1892 del Partido Revolucionario Cubano, único de su tipo para alcanzar la libertad de Cuba y Puerto Rico, y evitar la intervención de los Estados Unidos, llegó a analizar la sociedad norteamericana en su origen, composición, costumbres, modo de vida, forma de pensar, convulsiones sociales, cultura, educación, política, y en cada caso su crítica, con un sello muy personal que le hizo trascender por su agudeza, objetividad y por su sentido de previsión para quienes soñaban para su tierra una sociedad similar. Vale decir que como mismo tuvo palabras de elogio para Washington, ese “héroe amable y sereno”, Cleveland, ese presidente “símbolo de todo lo que puede conservar la república”, Henry George, dirigente de los Caballeros del Trabajo, “ amigo de los que padecen, amado por el pueblo”, Lincoln, “hombre tallado en piedra luminosa”, Emerson, quien “lo dio todo de sí, e hizo bien a los otros”, Walt Whitman, el poeta “más intrépido, abarcador y desembarazado de su tiempo”,de igual forma tuvo valoraciones muy críticas sobre otras personalidades, imagen de lo peor de esa sociedad. De Blaine, ese estratega de la política más agresiva del gobierno de los Estados Unidos y miembro del Partido Republicano, dijo en uno de sus reportes para La Nación de Buenos Aires: “…Hombre rapaz, egoísta, majestuoso, osado como el águila”. (O.C. T. 11.p. 409). No escapó a su análisis William Eleroy Curtis, el primer director del Wall Street, hombre codicioso, deseoso de tener “ las espuelas y estribos de plata maciza, la chinela de plata donde anida el pie breve la amazona argentina, las túnicas de plumón de avestruz..” (O.C.T.7.P. 335). No se explica Martí cómo en los pueblos de América hay quienes aún aspiran a una educación que engendra ciudadanos como este, que se “juzga único y prominente entre los pueblos”. Una de las caracterizaciones más completas del yanqui aparece escritas por José Martí en la edición de La Nación de Buenos Aires, publicada en octubre de 1885: “Estos hombres desconsiderados y acometedores, pies en mesa, bolsa rica, habla insolente, puño presto, estos afortunados pujantes, ayer mineros, luego nababs, luego senadores, esta gente búfaga, de rostro colorado, cuello toral, mano de maza, pie chato y ciclópedo, estos aventureros, criaturas de lo imposible, hijo ventrudos de una época gigante, vaqueros rufianes, vaqueros perpetuos, estos mercenarios, nacidos, acá como allá, de padres perdidos al viento…, estos tártaros nuevos, que merodean y desvastan a la usanza moderna, montados en locomotoras, estos colosales rufianes, elemento temible y numeroso de esta tierra sanguínea, emprenden su política de pugilato, y recién venidos de la selva, como en la selva viven en la política, y donde ven un débil comen de él, y veneran en sí la fuerza, única ley que acatan, y se miran como sacerdotes de ella, y como con cierta superior investidura e innato derecho a tomar cuanto su fuerza alcance”. (O.C. T: 13.p. 288_289). Perfecta ilustración martiana del yanqui, va a sus raíces, a su personalidad, a sus intenciones más íntimas, a su pretendida e histórica filosofía de que ellos, y su creación como nación, son superiores a todos los demás. Una nación donde un minero podía llegar hasta senador, como reflejo de “una época gigante” que jamás volvió a repetirse, pero que sí dejó preñada en la psicología del yanqui, aún en nuestros días, esa “cierta superior investidura e innato derecho a tomar cuanto su fuerza alcance”. En ese propio artículo expresa el Apóstol cubano: “Un deseo absorbente les anima siempre, rueda continua de esta tremenda máquina: adquirir: tierra, dinero, subvenciones, el guano del Perú, los Estados del Norte de México”. (O.C. T.13.p. 290). Hoy es la guerra contra Iraq por posicionarse definitivamente de sus riquezas en petróleo o contra Irán, por igual motivo, y mañana, quizás, por las fuentes de agua potable en la Amazona.También a través de La Nación de Buenos Aires, el 24 de febrero de 1887, ofrece más elementos ilustrativos de esa psicología: “…Aquella condición de atreverse a todo sin miedo, ni respeto, ni derecho, que es nota del carácter de los norteamericanos”.(O.C.T.13.p. 307). Los 15 años de estancia en los Estados Unidos le permiten a José Martí analizar la degradación de esta nación y su proyección estratégica. De ellos dice: “..Nace un americano carnudo y búfago. Paga, y pega. Para tres cosas tiene el puño: para acaparar, para dispendiar, para anonadar.(…) Nada envidia, sino la fortuna”. (O.C. T. 10. p. 131) Aún antes de pisar tierra norteamericana, José Martí sentía amor y admiración por esta nación, la consideraba ejemplo por su estado de democracia, por las posibilidades para cada hombre. Sin embargo, a solo cinco años de vivir ahí y de haber escrito para The Tour of New York sus Impresiones de América, se pregunta: ¿ “Qué espíritu perdurará en la civilización norteamericana: el puritánico, la afirmación más sesuda y transcendental del derecho humano, o el Cartaginés de conquista y el mercenario de lucro…?”. La respuesta la dio el propio Maestro en una sentencia muy breve: “… Esa idea de dominio que es característica temible del norteamericano genuino”. (O.C. T.7.p: 38). La historia sucesiva de esta nación, con demócratas o republicanos en el poder, ha demostrado que han preferido ser cartagineses y mercenarios. Dónde busca Martí, el autor de ese magistral texto infantil que es La Edad de Oro, la existencia de estos “norteamericanos ansiosos”, “ese yanqui autoritario, codicioso y agresivo”, de esos ciudadanos portadores de un “egoísmo odioso”, capaces de “posponer a la utilidad el sentimiento”. Busca las causas en su sistema de educación. Critica esa “educación pública, falsa y dura en la práctica, y rudimentaria y errata en las letras”. (O.C.T 11.p. 155). Argumenta cómo de “leer, escribir y contar no se pasa en la escuela pública”, y de cómo de ahí se transita a “la faena, al espectáculo del lujo, al deseo de poseerlo, a la vanidad de ostentarlo, a las angustias crueles e innobles de rivalizar con el del vecino”. (O.C. T. 10. p. 375_376). Puntualiza José Martí cómo de igual forma se manifiesta una decadencia alarmante en la cultura, y como ejemplo señala: “…Teatros, que se sostienen si son de farsa y baile, pero quiebran si son de ópera alemana o italiana”. (O.C. T.12.p. 62). Un duro golpe a las virtudes humanas de José Martí es el enfrentamiento cotidiano a la realidad norteamericana donde “nadie ayuda a nadie”, donde “ todos marchan, empujándose, maldiciéndose, abriéndose espacio a codazos y a mordidas, arrollándolo todo, todo, por llegar primero”, donde hasta los niños “no tienen más deseos que el de satisfacer sus apetitos”, donde la vida se concibe “como un mandato de goce, como una boca abierta, como un juego de azar donde solo triunfa el rico”. Y a continuación se pregunta: ¿“Y esto será envidiable?” ¡Debe temblarse de esto!”. (O.C. t. 11.p. 83). En otra ocasión diría: “ En este pueblo vasto de gente aislada y encerrada en sí, falta el trato frecuente, la comunicación íntima, la práctica y fe en la amistad, las enérgicas raíces del corazón, que sujetan y renuevan la vida”. (O.C. T.10. p. 226). El 16 de agosto de 1889 en su reporte para La Nación de Buenos Aires, enfatiza José ´Martí: “La capa de arriba va siendo en los Estados Unidos levantisca, y dada al éxito fácil y al abuso de la vida y del derecho ajeno, pero en lo hondo, como lastre y esperanza, está el granito del honor, están los calzones de pana que no llegan al talón…” (O.C.T.12.p. 258). No está ajeno a las diferencias sociales en los Estados Unidos, hace severas críticas a ese yanqui rapiñoso, egoísta, pero a su vez ama y tiene sincera esperanza en ese “granito del honor”, presente en el pueblo, en los obreros, intelectuales, en esos de “calzones de pana que no llegan al talón”. Llama la atención cómo Martí es impresionado por las virtudes de la mujer norteamericana, su “vigor físico y moral ”, y para él las capaces de “sujetar a esta nueva Roma, cuando empiece a degenerar en sí, y a querer, como la de los Césares, que toda la flora y fauna del mundo le llene los manantiales y le nutra los estanques”. (O.C. T 12. p. 156). Esas frases extraídas del periódico El Partido Liberal, de Méjico (1889),nos enseña cómo José Martí cada día está más convencido que la evolución histórica y social de los Estados Unidos les lleva a coincidir con esa Roma antigua, poderosa, conquistadora y temida, aunque sobre otros principios. Es capaz el Apóstol de llegar a las intimidades de la psicología social de los individuos. Sus años en Nueva York le permite hacer una breve caracterización de sus habitantes: “…No hay más que ojos abiertos, y gargantas secas, y la pasión no es solo poseer, sino superar las posesiones del vecino, lo cual es manifestar locura, puesto que por doquiera salta un vecino que pose algo más”. (O.C. T.12.p. 63). Una caracterización más general y completa la ofrece en su articuló publicado en La Nación de Buenos Aires, en febrero de 1886: “La fortuna como único objeto de la vida. La mujer como un juguete de lujo… El hombre, máquina, rutinaria, habilísimo en el ramo a que se consagra, cerrado por completo fuera de él a todo conocimiento, comercio y simpatía con lo humano. Ese es el resultado directo de una instrucción elemental y exclusivamente práctica”. (O.C. T.10.p. 375). Para José Martí, testigo por 15 años de una sociedad en decadencia, convulsa, agitada, llena de odios, donde unos son muy ricos y otros muy pobres, ese “odioso sistema _como le llamó en una ocasión_, no podía ser el modelo a imitar en Cuba o Puerto Rico una vez libres de España, y alertaba a las demás naciones de Latinoamérica sobre el peligro de su dulce imagen y convocatoria. Con Patria, órgano de lucha indiscutible del Partido Revolucionario Cubano, publica Carácter, el 30 de julio de 1892, donde critica a quienes aborrecen las tiranías tan extendidas en América después de la independencia, y afianzada en Cuba por España, para admirar con sensible superficialidad “las instituciones del pueblo norteamericano, sin ver que ellos no han logrado impedir la conversión del yanqui demócrata y universal en el yanqui autoritario, codicioso y agresivo”. (O.C. T. 2.p. 76). Los sucesos de Key West que llevaron a la injustificada expulsión de los cubanos de sus puestos de labor en esta ciudad nacida con la consagración y el amor de estos trabajadores, hacen que José Martí incremente su gestión de esclarecimiento y convencimiento entre los emigrados sobre la base de la unidad y del esfuerzo común para alcanzar la necesaria independencia de Cuba y Puerto Rico. Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano, recoge esta sentencia martiana:”Es así , sin amor, sin caridad, sin amistad, sin gratitud, sin respeto, sin leyes, es así la primer república del mundo? “.Y a renglón seguido lanza esta convocatoria al combate: “…Quien desee patria segura, que la conquiste”. (O.C. T. 3. p.50_51) 
