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Chávez Fría no tenía derecho a morir

Chávez Fría no tenía derecho a morir

Nadie es inmortal, pero Hugo Chávez Fría, el Comandante Presidente, no tenía derecho a morir, por él, por su pueblo, los pueblos de Latinoamérica y el Caribe, por los pueblos explotados y sin justicia social en este mundo de excluidos.

Afirman que en el universo celestial fue recibido sin protocolo, como un cristiano digno de Dios por ese empeño de hacer llegar a los pobres, a todos por igual, panes y peces.

La bienvenida, no era para menos. Con la espada erguida, la misma de Carabobo y de Ayacucho, conforme por la obra del Hijo que le siguió firme sus pasos en una unidad aún por concluir, el Libertador Simón Bolívar, le abraza.

Al lado de ambos, presenciado el encuentro, Francisco de Miranda Rodríguez, el venezolano, precursor de La Gran Colombia, Toussaint Louverture, orgulloso de haber dado a Haití la condición de primera nación libre de América Latina y primera revolución antiesclavista en el mundo, el mexicano Pancho Villa, nacionalista deseoso aún de tierras y educación para sus paisanos, sin exclusión, Augusto César Sandino, el General de Hombres Libres, que en Nicaragua protagonizó enfrentamientos victoriosos contra los marines yanquis, a su lado el dominicano patriota y antiimperialista Francisco Caamaño Deñó , cada cual con sus anécdotas y vivencias.

 El argentino-cubano, el Che Guevara, Guerrillero Heroico, y Salvador Allende, que desde la democracia quiso cambiar la realidad en su Chile querido, lo observan admirados de cómo la muerte de ambos no fue en vano, mientras Víctor Jara, cantautor mutilado por el fascismo encontraba una guitarra para con las manos de su pueblo interpretar El derecho a vivir en paz.

 Eran tantos, cada nación latinoamericana y caribeña con su representante, desde el indio Túpac Amaru que enfrentó al coloniaje español, el negro, el mestizo, el criollo, el del Bravo hasta la Patagonia que también dieron sus vidas por causas justas enfrentando dictaduras, intervenciones yanquis, golpes de estado, gobiernos corruptos, paramilitares, traiciones, conspiraciones… Desde la multitud que le acoge, atraen la atención del recién llegado.

Con una amplia sonrisa, feliz del reencuentro, Néstor Kirchner, el mandatario que puso fin al neoliberalismo salvaje en Argentina, le dice: ¿Presidente Comandante, recuerda la cara del Diablo, el señor Bush, en Mar de Plata, cuando le distes estocada mortal al ALCA? Ambos van al encuentro con ese apretón de alianza, fuerte, como la que dejaron en camino con UNASUR, el ALBA, MERCOSUR, PETROCARIBE o la CELAC.

Mira para todos lados, indaga por el arquitecto comunista brasileño Oscar Niemeyer. Silencio, le comentan que después de saber de su arribo no descansa con un boceto para mediante la musa inducirlo a uno de sus discípulos y le erijan un monumento en cualquier parte de América Latina o el Caribe, pues ha perdido su condición de venezolano, que tendría como exclusivo epigrama Amor, con amor se paga.

 No paran los saludos. Increíble. De todos conoce sus historias. Gracias, afirma el soldado revolucionario. De soslayo se encuentra con la mirada firme y complacida del Apóstol cubano, José Marti. Y le viene un último comentario: Me siento Hijo de toda Nuestra América, me siento parte de esa Patria, que es Humanidad.

Como Guerrero invencible, como le calificara su amigo presidente Rafael Correa, está convencido que será viento, recuerdo, circundado con su espíritu, unidad, amor, paz, democracia, solidaridad, antiimperialismo, el socialismo del Siglo XXI y el bienestar de los más humildes.

Hugo Chávez Fría, el Comandante Presidente, no tenía derecho a morir.

Dios decide bendecirle y le llama mi otro Hijo por su entrega a los pobres.

 

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